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“... al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa, la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino”.

Prof. Dr. Víctor Frankl

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DOCENCIA - Etimología  

En “Sobre los clásicos”, Jorge Luis Borges dijo que “escasas disciplinas habrá de mayor interés que la etimología; ello se debe a las imprevisibles transformaciones del sentido primitivo de las palabras, a lo largo del tiempo. Dadas tales transformaciones, que pueden lindar con lo paradójico, de nada o de muy poco nos servirá para la aclaración de un concepto el origen de una palabra.”

Si embargo, y a pesar de la (bien fundamentada) advertencia borgiana, todavía se suele aplicar el análisis etimológico, cuando se pretende aclarar un término o fundamentar su corrección ciertas aplicaciones del mismo. Pero, en muchos casos, este intento resulta poco afortunado, ya sea porque, como bien señaló Borges, el cambio de aplicación del concepto es tan grande que no parece remitir en nada al uso actual, o porque el origen etimológico es inseguro, o bien porque la historia del término en cuestión es demasiado corta como para revestir interés alguno.

Y, por supuesto, también existen ocasiones, en los que el problema no lo presenta el término mismo en cuestión y su deriva a través de la historia de su semántica, sino en cómo se pretende aplicarlo. Ya al menos desde Platón y su “Crátilo”, podemos revisar la problematización del sentido de las palabras, su origen, y su significado, y en algunos casos, como se ha comprobado sobre el mismo diálogo, todo esta problematización, una vez aplicada, puede resultar completamente falsa, si es que fuera incorrecta la etimología.

Ese es el caso de la palabra “adicto”, y el origen que se dio a la misma en los ámbitos “psi”. Según esta etimología, que podríamos denominar del alguna manera, popular, “adicto” vendría de “a” (prefijo privativo, como en “afasia”) y “dictus” (literalmente “lo dicho”, en latín). El adicto, sería, por tanto, aquel no puede expresar su angustia, o sus problemas, sus necesidades, etc. Y a esta falta de expresión, a su vez, le correspondería el desarrollo de un comportamiento que reemplaza esta expresión. Sin embargo, esto no puede dejar de ser erróneo, en tanto un único término no puede tener origen etimológico de diferentes lenguas (salvo excepciones conocidas, y por lo general muy modernas, como “automóvil”).

Ahora, si bien no pretendemos realizar a su vez una historia de esta etimología, es relativamente sencillo suponer que, considerando el ámbito de aplicación de esta falsa etimología, como dijimos, principalmente relacionados con el los ámbitos “psi”, y la impronta de la teoría psicoanalítica en tales espacios, su origen pudo estar relacionado entonces con proyecciones lingüísticas funcionales (aunque erróneas) a tal teoría.

A decir verdad, el término “adicto” deriva enteramente del termino latino, addictus, que literalmente significa "apegado o adherido”, y que se podría atribuir a una persona, una opinión, etc., y es el participio pasivo del verbo addicere, "asignar, adjudicar, dedicar" (de ad, "a, hacia, para" junto con dicere, "decir"). Originalmente, al parecer, este término se aplicaba principalmente a los esclavos que se ganaban como botín de guerra, y que los generales romanos repartían entre sus lugartenientes.

Y por extensión, o mejor, debido a “las imprevisibles transformaciones del sentido primitivo de las palabras”, como quería Borges, hoy llamamos adicto a cualquier persona fuertemente dependiente de alguna sustancia, actividad, o demás cosas.

Gentileza Prof. Víctor PAGANO para Fundación Santa Catalina.


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